La propia guerra en sí no se encuentra en unas armas, no se encuentra en el poder, ni se encuentra en unas manos. Se encuentra en tu cabeza, en esa lucha que comienza contigo mismo y acaba con los demás. Cobra vida con pensamientos que se convierten en palabras y arrastran todo lo que no conocemos, por eso a veces se lo lleva todo, incluido a nosotros mismos.
Yo no entiendo tu idioma cuando gritas y cuando hablas prefiero no escucharte, es como si me bañases de mentiras que sé que quizás no tendrían por que serlo, pero lo desconozco y prefiero tener escondite para cuando comience la guerra, puede que no sea por precaución y si por miedo.
Pero no es todo esto lo que me preocupa, me preocupa convertirme en alguien como tu para huir sin correr y llevarme por delante todo lo que me impida hacerlo, que no es más que a mi misma.
No me importa, no me importas.
¿Cómo una persona puede ser tan cínica?
Perdona cariño, pero preferiría no escucharte, preferiría no volver a verte y no desearía tu putrefacción aunque si que te asfixiases hasta dolerte y no quiero parecer demasiado retorcida, pero ¿Qué quieres que te diga? Lo soy y además me gusta serlo.
No puedo mirar estrellas más de cinco minutos seguidos sin cansarme, estas vienen y van, son desconocidas que siempre se entrometen en mis asuntos espaciales, me hablan del orden y no las puedo comprender, siempre fieles a sus constelaciones sin más admiración que la que ejercen a la tierra, alumbrando cuanto pueden, no necesitan nada a cambio y a mi ni siquiera me calan hasta los huesos...
Las veo pasar y pienso "ahí se pueden quedar".
Los chasquidos nacen en nuestros dedos y nos bailan.
Publicado por Diminuta on viernes 20 de noviembre de 2009Yo. a veces, también me desmorono, otras...soy un vago recuerdo.
La situación cambia a menudo y cuando creo darme cuenta no siempre es tarde.
Continuamente nos hablan del tiempo que no tenemos, pero, en cambio, insisten en que nunca es tarde...Éste se esfuma, éste nos da la vida y si lo desea, también la muerte. No entiende de necesidades.
Nadie podría crear un silencio tan alto como el suyo.
Sus ojos se clavaron en el techo mientras pensaba para sí mismo, que quizás, en otro tiempo y en otro lugar, nuestros cuerpos estarían brillando como luciérnagas después de aquello y, nosotros nos limitábamos a pensar para nosotros mismos.
El mundo se le abrió de piernas.
Ella le miraba a los ojos.
Le mareaban,
como si estuviese en un barco y,
en plena tempestad,
calló al mar...
Bailes apresurados en diferentes escenarios
bailes sin música de fondo,
entrelazados.
Se tiñen los ojos de un color oscuro,
un color doloroso
y nos invaden los miedos,
nos cubren la piel con sábanas frías
y nos lanzan contra un muro en blanco,
clavados como en una diana.
Comienzan a caer flores,
corremos a cogerlas
y nuestros ojos quedan en blanco.
http://goear.com/listenwin.php?v=b84fca1

